viernes, 23 de noviembre de 2007

LA PROMESA DE DIOS COMIENZA A HACERSE REALIDAD.













Transcurrieron años, milenios y la descendencia prometida de aquellos primeros hombre y mujer destinada a reparar el daño de la Serpiente,
símbolo del Maligno, se hizo ser en Belén de Judea
para trasformarse Él mismo en el Fruto del Árbol de la Inmortalidad.

Y la palabra se hizo carne,
y puso su morada entre nosotros
y hemos contemplado su gloria,
gloria que recibe del Padre como Hijo único
lleno de gracia y de verdad -Juan,1,14-.