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Transcurrieron años, milenios y la descendencia prometida de aquellos primeros hombre y mujer destinada a reparar el daño de la Serpiente,
símbolo del Maligno, se hizo ser en Belén de Judea
para trasformarse Él mismo en el Fruto del Árbol de la Inmortalidad.
Y la palabra se hizo carne,
y puso su morada entre nosotros
y hemos contemplado su gloria,
gloria que recibe del Padre como Hijo único
lleno de gracia y de verdad -Juan,1,14-.
Y la palabra se hizo carne,
y puso su morada entre nosotros
y hemos contemplado su gloria,
gloria que recibe del Padre como Hijo único
lleno de gracia y de verdad -Juan,1,14-.

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